......................................................................... .Esto es todo lo ke keda de la esplendorosa version 3.0 de Kamita Korp. . .Sangre, sudor y lagrimas (ke tipiko, pero ke zierto!) ha kostado . .rekuperar esto asi ke no podeis kejaros (NO podeis kejaros!). . ......................................................................... DI: Pag. 1/5 ------------------------------------------------------------------------- Ursula K. Le Guin "La direccion de la carretera" Antes no eran tan exigentes. Nunca nos hacian ir mas aprisa que al galope, y aun eso era raro; la mayor parte de las veces se contentaban con un peque$o trote saltarin. Y cuando uno de ellos iba a pie, era un autentico placer acercarsele. Me daba tiempo de realizar toda la accion con autentico estilo. Le veia hacer como que movia sus piernas y sus brazos segun sus costumbres, mientras miraba la carretera, o incluso los campos que atravesaba, o hasta mirandome directamente: entonces me acercaba a el regularmente pero con mucha lentitud, aumentando de tama$o sin cesar, sincronizando a la perfeccion la velocidad de aproximacion y la velocidad de crecimiento, de tal modo que, en el mismo momento en que, tras no haber sido mas que una minuscula mota, habia adquirido toda mi estatura --veinte metros por aquella epoca--, y me alzaba ante el, inmenso, dominandolo, cubriendolo con mi sombra. Y sin embargo el no manifestaba ningun temor. Ni siquiera los ni$os me temian, aunque a menduo no dejaban de mirarme mientras yo pasaba cerca de ellos, para empezar a decrecer a continuacion. Ocurria a veces que, en una calidad tarde, uno de los adultos me detenia justo en el lugar donde nos encontrabamos, y se sentaba, su espalda contra la mia, durante una hora o mas. Yo no veia en ello el menor inconveniente. Tengo una excelente colina, un buen suelo, un buen viento, una hermosa vista; ?por que iba a molestarme el permanecer inmovil durante una hora o toda una tarde? Despues de todo, la inmovilidad no es mas que relativa. Basta con mirar el sol para darse cuenta de la velocidad en que todo se desplaza; y ademas uno no deja de crecer... sobre todo en verano. En cualquier caso me emocionaba el verles confiar asi en mi, dejarme que me apoyara en sus peque$as espaldas calidas, y dormirse profundamente entre mis pies. Me gustaban. Es raro que nos hayan caido en gracia como los pajaros; pero realmente los preferia a las ardillas. En aquel tiempo los caballos trabajaban para ellos, lo cual constituia para mi un agrado suplementario. Me gustaba particularmente el galope corto, en el que me volvi muy habil. Aquel movimiento de elevacion ritmica que acompa$a al crecimiento o disminucion les confiere una apariencia de oscilacion y de caida que es casi la del vuelo. El galope era menos agradable, con su sincopado martilleo; me sentia agitado como un arbol joven en la tormenta. Ademas, el placer de acercarme y crecer lentamente hasta parecer gigantesco, y luego alejarme y decrecer tambien lentamente, quedaba suprimido por el galope. Habia que hacerlo todo brutalmente, tacatac, tacatac, y tanto el hombre como su montura estaban tan absortos por este ejercicio que ni siquiera levantaban los ojos hacia mi. Hay que admitir de todos modos que los casos eran raros. Despues de todo, el caballo es mortal y como todas las criaturas sin raices, fatigable; los hombres evitaban pues cansar a sus caballos, salvo en casos de urgencia; los casos de urgencia, aparentemente, no eran tampoco tan frecuentes en aquella epoca. ------------------------------------------------------------------------- Kamita Korp. - 34.33% - No 3.0 DI: Pag. 2/5 ------------------------------------------------------------------------- No he galopado desde hace mucho tiempo, y a decir verdad me gustaria hacerlo. Bien pensado, aquel ejercicio tenia algo de tonificante. La primera vez que vi un automovil, lo recuerdo aun, lo tome como la mayor parte de nosotros, por un ser mortal, una especie de criatura sin raices a la que no conocia. Senti un cierto sobrecogimiento ya que, con ciento treinta y dos a$os de edad, creia conocer a toda la fauna local. Pero una novedad, por futil que sea, siempre es algo interesante, asi que lo observe con atencion. Me acerque a buena marcha, la de un galope corto, pero adoptando un ritmo distinto, adaptado al aspecto falto de gracia de aquella cosa: un ritmo inconfortable, el de un ser rodante, sofocante, trepidante, agitado por sobresaltos. Pero no, no se trataba de ningun ser mortal, libre o cautivo, con o sin raices, y me di cuenta de ello en menos de dos minutos, antes de haber alcanzado el tama$o de treinta centimetros. Era un objeto fabricado, como aquellas carretas a las que se ataban los caballos. Lo halle tan mal hecho que estime imposible que regresara cuando lo vi desaparecer tras la cima de West Hill, y espere de todo corazon no volver a verlo nunca mas, pues no podia soportar su marcha dura y contrastada. Pero la cosa adopto un horario regular, al que me vi obligado a doblegarme. Todos los dias, a las cuatro, debia aproximarme a el mientras aparecia al oeste con su ritmico tartamudeo, tenia que crecer, erguirme en toda mi altura, y encogerme de nuevo luego. Despues, a las cinco, debia ir una vez mas a su encuentro trotando como un gazapo pese a mis veinte metros de altura, mientras llegaba por el este dando sus traqueteantes zancadas, impaciente porque aquel horrible peque$o monstruo desapareciera por el horizonte, a fin de poder descansar y relajar mis miembros al viento del atardecer. Siempre habia dos personas en el vehiculo: un joven macho al volante, y tras el, una vieja hembra de mirada arisca medio sepultada entre mantas. MUnca les oi hablarse. Y sin embargo por aquel tiempo sorprendi varias conversaciones en la carretera. La maquina iba descubierta, pero el enorme ruido que hacia cubria el de todas las voces, incluso la del gorrion cantor que yo albergaba aquel a$o. Odiaba aquel ruido casi tanto como la bamboleante marcha del vehiculo. Soy de una familia que se respeta y mantiene sus rigidos principios. La divisa de los robles es: "Me rompo, pero no me doblego"; y me veo obligado a observarla. Lo que me hacia sufrir, entiendan, no era puramente la vanidad personal, sino el orgullo familiar, el hecho de que un simple objeto fabricado me obligara a saltar y a bambolearme de aquel modo. Los manzanos de la huerta, en la parte baja de la colina, no parecian verse tan afectados; pero son arboles domesticados. Sus genes han sido manipulados desde hace siglos. Ademas, son criaturas gregarias; ningun arbol frutal es realmente capaz de formular una opinion personal. Yo guardaba para mi mi propia opinion. Pero cuando el automovil dejo de envenenarnos me alegre sobremanera. No aparecio en absoluto durante todo un mes, durante el cual tuve el placer de andar hacia los hombres y trotar hacia los caballos, yendo incluso a dar saltitos al encuentro de un bebe en brazos de su madre, esforzandome, sin exito, en ofrecerle una imagen nitida. ------------------------------------------------------------------------- Kamita Korp. - 35.21% - No 3.0 DI: Pag. 3/5 ------------------------------------------------------------------------- Al mes siguiente --setiembre, unos pocos dias despues de la partida de las golondrinas-- aparecio otra maquina. Nos arrastro de pronto, a mi, a nuestra colina, a la huerta, a los campos, al techo de la granja, en su carrera de este a oeste, dando saltitos, bamboleandose, petardeando; mi velocidad era superior a la del galope, y jamas me habia desplazado tan rapidamente. Apenas tuve tiempo de parecer gigantesco cuando ya tuve que empezar a encogerme. Y a la ma$ana siguiente vino otra maquina. Cada a$o, cada semana, cada dia, la especie se extendia. Llegaron a convertirse en un elemento importante de nuestro Orden Natural. Las carreteras eran levantadas y luego rehechas, ampliadas, con una detestable superficie plana como la huella de un caracol, sin roderas, sin charcos, sin piedras, sin flores, sin sombras. ?Donde estaban todos esos peque$os seres sin raices que antes recorrian la carretera, saltamontes, hormigas, sapos, ratones, zorros y tantos otros, demasiado peque$os la mayor parte de ellos como para que yo acudiera a su encuentro puesto que no llegaban a verme realmente? Los mas prudentes evitaban ahora la carretera, los otros se dejaban aplastar. !Cuantos conejos he visto morir asi a mis pies! Doy gracias a Dios de ser un roble, ya que puedo verme arrancado por el viento, desenraizado, podado o aserrado, pero al menos no podre, bajo ninguna circunstancia, verme aplastado en la carretera. La presencia simultanea de un gran numero de vehiculos en la carretera exigio de mi un nivel superior de actuacion. Era tan solo un arbolillo cuya copa apenas rebasaba las hierbas silvestres cuando aprendi a ir en dos direcciones al mismo tiempo. Consegui ese logro elemental sin pensar realmente en el, bajo la simple presion de las circunstanicas, la primera vez que vi a un peaton al este frente a un jinete que venia del oeste. Tenia que ir en dos direcciones a la vez, y lo consegui. Supongo que para nosotros los arboles esto es la base del arte. Estaba nervioso, pero consegui pasar cerca del jinete, luego alejarme de el mientras me encogia trotando hacia el peaton, al cual no alcance hasta despues de haber sido perdido de vista por el jinete... por aquel tiempo no tenia que aparecer aun gigantesco. Estaba orgullosos de mi, siendo aun muy joven, orgulloso de mi haza$a; pero de hecho es menos dificil de lo que parece. Desde entonces, por supuesto, repeti la operacion un incalculable numero de veces, y ni siquiera le daba importancia; lo hacia incluso en sue$os. ?Pero han pensado ustedes en el increible esfuerzo que realiza un arbol cuando debe agrandarse simultaneamente a velocidades ligeramente distintas, y al mismo tiempo encogerse para otros vehiculos que avanzan en sentido contrario, unos cuarenta a la vez en cada sentido, sin olvidarse de erguirse con toda su altura en el momento preciso para cada uno de ellos? ?Y hacer esto minuto tras minuto, hora tras horas, desde el amanecer hasta la caida de la noche e incluso mas tarde? Puesto que mi carretera se volvio muy frecuentada; la circulacion era casi incesante. No dejaba un instante de reposo. Se habian acabado los bamboleos sincopados, pero cada vez debia ser mas rapido; crecer a toda velocidad, erguirme en toda mi altura en una fraccion de segundo, y decrecer con la misma precipitacion, sin poder gozar con ello, y sin descanso, una y otra y otra vez. ------------------------------------------------------------------------- Kamita Korp. - 37.01% - No 3.0 DI: Pag. 4/5 ------------------------------------------------------------------------- Muy raros eran los conductores que se dignaban dirigirme una ojeada, por breve que fuera. De hecho, parecian no ver nada. Se contentaban con mirar fijamente la carretera ante ellos. Tenian la ilusion, al parecer, de ir a alguna parte. Miraban, a traves de unos espejitos fijados a la parte delantera de sus vehiculos, hacia la parte de carretera que acababan de recorrer, y luego volvian a clavar sus ojos camino adelante. Yo habia supuesto que solo los escarabajos se hacian esta falsa idea del Progreso. En efecto, no dejan de precipitarse en todos sentidos sin levantar nunca los ojos. Siempre habia tenido una pobre opinion de esas peque$as criaturas. Pero al menos ellas me dejaban en paz. Confieso que a veces, en esas benditas noches tenebrosas en las que mi copa no era plateada por la luna, o mis ramas no ocultaban las estrellas, en esas noches en las que podia tomarse un descanso, pensaba seriamente en sustraerme a las obligaciones de nuestro Orden Natural: en dejar de desplazarme. No, no seriamente. Tan solo a medias. Puro cansancio. Si el mas peque$o imbecil de reto$o de sauce, al pie de la colina, aceptaba sus responsabilidades, saltaba, se movia, aceleraba, cercia y disminuia por cada coche que pasaba por la carretera, ?como podria no hacerlo yo, un roble? Nobleza obliga. Y creo poder decir que nunca he dejado caer un glande que no conozca su deber. Hace pues cincuenta o sesenta a$os que me erijo en defensor del Orden Natural, y que mantengo a las criaturas humanas en su ilusion de ir a alguna parte. Y lo hago de buen grado. Pero me ha ocurrido algo horrible, contra lo cual debo elevar una solemne protesta. Puedo ir perfectamente en dos direcciones a la vez; puedo muy bien crecer y decrecer simultamentamente; puedo moverme sin problemas, incluso a la desagradable velocidad de ciento o ciento veinte kilometros por hora. Estoy dispuesto a proseguir todo esto hasta el dia en que un hacha, una sierra o un bulldozer me derribe. Este es mi destino. Pero a lo que reniego con mis ultimas energias es a volverme eterno. La eternidad no es mi destino. Soy un roble, ni mas, ni menos. Tengo mis deberes, y los cumplo; tengo mis recompensas, y se apreciarlas, aunque lamente que cada vez se hagan mas raras, puesto que los pajaros son menos numerosos y los vientos se estan volviendo mefiticos. Pero, sea cual pueda ser mi longevidad, tengo derecho a dejar de ser. La mortalidad es mi privilegio. Y he perdido este privilegio. Lo perdi hace un a$o, en un dia lluvioso del mes de marzo. Los coches, como siempre, surgian por la carretera en ambos sentidos, cubriendola con sus rapidas carreras. Yo estaba tan ocupado en moverme como un bolido, crecer, erguirme en toda mi altura, decrecer, y el dia desaparecia tan aprisa, que apenas tuve tiempo de ver lo que ocurria. El conductor de unos de los coches debia estimas que su necesidad de ir a algun sitio presentaba caracter de urgencia excepcional; por ese motivo intento situal su vehiculo delante del que lo precedia. Para efectuar esta maniobra hay que desviarse un momento de la Direccion de la Carretera girando hacia el lado encargado de hacer circular a los coches en el otro sentido (y debo decir que admiro enormemente las capacidades de la carretera, ya que no es facil efectuar tales maniobras cuando no se es mas que un simple objeto fabricado y no un ser vivo). Pero en aquel momento otro coche llegaba en sentido contrario, y se encontro frente a frente con el del conductor apresurado. Y la carretera no pudo hacer nada para salvar la situacion, puesto que estaba demasiado cargada. Para evitar golpear al coche que le haci frente, el vehiculo con prisas contravino todas las reglas de las Direccion de la Carretera con una conversion de noventa grados, lo cual me obligo a saltar directamente sobre el. No tenia otra eleccion. Tuve que lanzarme sobre el a ciento cuarenta kilometros por hora. Me ergui en toda mi altura, haciendome mas grande, mas gigantesco que nunca antes. Luego percute contra el vehiculo. ------------------------------------------------------------------------- Kamita Korp. - 38.34% - No 3.0 DI: Pag. 5/5 ------------------------------------------------------------------------- Perdi una considerable porcion de corteza y, lo que es peor, una buena capa de cambio; pero para un arbol de veintidos metros de alto y cerca de tres metros de circunferencia en el punto del impacto eso no resulta demasiado grave. Mis ramas temblaron por el choque hasta el punto de hacer caer un nido de petirrojo del a$o anterior, y senti una tal sacudida que lance un gemido. Jamas en mi vida habia hablado tan fuerte. El coche lanzo un grito desgarrador, roto, aplastado por el golpe que yo le habia dado. Su parte trasera apenas recibio da$o, pero toda su parte delantera era un autentico acordeon, con retorcimientos propios de una raiz vieja sobre los cuales caia una lluvia de peque$os trocitos de brillante plancha. El conductor no tuvo tiempo de pronunciar ni una palabra. Lo mate instantaneamente. No es contra esto contra lo que protesto. No podia hacer otra cosa mas que matarlo. Era inevitable, de modo que todo lamento posterior es superfluo. Contra lo que me rebelo, lo que no puedo soportar mas, es esto: cuando yo saltaba sobre el, el me vio. En el ultimo momento, levanto los ojos. Me vio como jamas nadie me habia visto, ni siquiera un ni$o, ni siquiera en los tiempos en que la gente miraba aun a su alrededor. Me vio enteramente, y quiza yo sea la unica cosa que el hubiera visto jamas en toda su vida. Me vio bajo los atisbos de la eternidad. Me confundio con la eternidad. Y puesto que murio en el momento mismo en que su vision le enga$aba, puesto que nada puede modificarla, estoy cautivo por toda la eternidad. Esto me resulta insoportable. No puedo hacerme complice de tama$a ilusion. Las criaturas humanas no quieren comprender la Relatividad; muy bien, pero que comprendan la Relacion. Si el Orden Natural lo exige, yo matare a los conductores de coches, aunque esto no forme parte de las obligaciones normales que incumben a un roble. Pero es injusto imponerme no solo el papel de asesino, sino tambien el de la muerte. Puesto que yo no soy la muerte. Yo soy la vida; soy mortal. Si quieren ver la muerte con su propios ojos, es su problema, no el mio. Yo no quiero ser para ellos la eternidad. Que no cuenten con los arboles para encontrar en ellos la imagen de la muerte. Que la busquen mas bien en los ojos de sus semejantes. ------------------------------------------------------------------------- Kamita Korp. - 40.00% - No 3.0